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Las redes sociales están diseñadas para fomentar su uso

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“Las notificaciones, el diseño y la experiencia persuasiva hacen que el usuario invierta más horas en una aplicación y comparta información. En promedio, cada día, los usuarios pasan 2 horas y 24 minutos en las redes sociales” nos dice Laura Villate, de la Universidad Oberta de Catalunya.

Vivimos en una época de sobreinformación, donde internet toma cada vez más relevancia en nuestras vidas, lo cual se ha intensificado a partir de la pandemia con la transición al teletrabajo, la educación en remoto y el comercio electrónico. Según un estudio de Statista, cuando se trata de redes sociales en tiempos de cuarentena, América Latina es la región con los internautas más activos a escala mundial. «Cuanto más las uses, más te va a costar prescindir de las redes por todo el esfuerzo, tiempo e información que has ido depositando en ellas. El coste de utilizar estas aplicaciones lo pagamos en términos de pérdida de privacidad; sin embargo, estamos empezando a ser conscientes de ello», indica Manuel Armayones Ruiz, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación e investigador del eHealth Center de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

La sensación de ser vigilado todo el tiempo, la pérdida de la privacidad, el uso de nuestra información y la adicción a este tipo de herramientas ha despertado el interés de algunos a partir del documental publicado por Netflix The Social Dilemma, donde se advierte de la necesidad de poner límites a las redes sociales. Una vez introducidos en estas plataformas, cedemos el control y, cuanto más tiempo estemos dentro de las redes sociales generando información con cada retuit, comentario o like, más datos sobre nuestros gustos, motivaciones y actitudes brindamos. «Es muy importante no abrir cuentas en todas las redes sociales. Cada vez está más claro que para un uso racional de estas plataformas, debemos elegir aquellas que cubran nuestras necesidades. Lo importante es ser plenamente conscientes de que estamos compartiendo información que se va a utilizar con fines comerciales», afirma Armayones, para quien, además, la adopción de ciertas tecnologías debe depender de la persona, su actitud y motivaciones hacia estas.

Persuadiendo por medio de las redes sociales

Para el experto de la UOC, las redes sociales son un claro ejemplo de cómo puede utilizarse la tecnología persuasiva para conseguir que las personas usen durante más tiempo estas herramientas. «Hay que tener en cuenta que las redes sociales, como productos comerciales que son, no tienen otro objeto para sus accionistas que el de generar beneficio. Así, cuanto más tiempo estemos dentro de ellas, más precisas serán las recomendaciones de tipo comercial que nos irán llegando; esto lo hacen mediante el análisis de nuestro comportamiento anterior en la red», señala.

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El conjunto de técnicas de diseño y personalización que se utilizan en estas aplicaciones para enganchar a los usuarios son amplias y dependen de cada plataforma, según el investigador de la UOC. Algunas buscan facilitar y asegurar la transacción comercial, como es el caso de Amazon: pasamos de una pantalla a otra, pero siempre se nos hace regresar a la pantalla de compra, lo que nos hace mucho más fácil continuar con la transacción en lugar de abandonarla. «Tenemos que pensar que nada es por casualidad. El hecho de que nos aparezca una determinada información casual forma parte de los resultados de un algoritmo que está intentando influir sobre nuestro comportamiento para que adquiramos productos, cambiemos de opinión, sigamos una determinada página o persona, etcétera», añade Armayones.

Este tipo de tecnología ofrece información que es relevante emocionalmente para el usuario; no obstante, para el profesor de la UOC, la mejor solución es la educación, aplicar el sentido crítico y reflexionar sobre todo aquello que vemos y oímos en redes sociales, exactamente de la misma manera que debemos hacerlo con respecto a todo lo que vemos y oímos en esta sociedad actual. «La mejor manera de evitar la manipulación tecnológica es saber que esta existe y ser muy conscientes cuando tomamos decisiones en relación con los contenidos que nos llegan por medio de las redes sociales. Debemos tener siempre un espíritu crítico y preguntarnos si eso que estamos viendo es la realidad o lo que nosotros creemos que es la realidad», explica el investigador.

Al final no puede demonizarse las redes sociales, pues forman parte de nuestro panorama presente y posiblemente futuro; tan solo se necesita usarlas con sentido crítico y que los gobiernos de cada país legislen para proteger la privacidad de sus ciudadanos en este panorama global en el que estamos todos inmersos. Pues también es cierto que una red social puede contribuir a cambios positivos en nuestro comportamiento, por ejemplo, haciéndonos conscientes de problemas a escala mundial —el cambio climático, por ejemplo— y animándonos a participar en actividades para mejorar nuestro entorno.